Todos los viajes tienen descubrimientos que uno no espera encontrar. Un monumento que no sabías ni de su existencia, una simple calle con un toque peculiar, un mirador con unas vistas únicas o un parque que invita a sentarse y relajarse. Algo que por azar del destino forma parte de los recuerdos de ese viaje, a veces incluso sin darte cuenta. Así fue nuestra visita al Castillo de Palafolls.
En la entrada que hablo sobre todo lo que ver en Girona, ya comenté que mi viaje a esta ciudad Catalana fue un poco improvisado. Y así fue también cómo conocí este castillo.
Durante el viaje, nos quedamos a dormir en Palafolls y a la vuelta de pasar el día por Girona, la sobrina de mi abuela nos comentó que sobre la colina del pueblo había unas ruinas de un antiguo castillo y fuimos a echar un vistazo.
Después de pasar el día conociendo Girona (y quedar completamente enamorado), era muy difícil ver algo que realmente me llamará la atención, pero como he dicho al comienzo del post, el Castillo de Palafolls se convirtió en un recuerdo imborrable en esta pequeña escapada a tierras catalanas.
Siempre me sale una pequeña sonrisa al recordar las ruinas del Castell de Palafolls y me hacía mucha ilusión compartirlo con vosotros.
Dónde se encuentra y cómo llegar al Castillo de Palafolls
Como su propio nombre indica, el Castillo de Palafolls se encuentra en el municipio de Palafolls, en la provincia de Barcelona, aunque está más cerca de la ciudad de Girona que de Barcelona.
Está a las afueras del pueblo, y se puede ir tanto andando como en coche. Aunque es verdad que andando puede haber un buen paseo y con el coche se llega muy bien y en la parte de arriba hay aparcamientos.
Para ir en coche al Castillo de Palafolls hay dos opciones y en ambas se tarda sobre diez minutos.
La primera opción es ir directamente por Carrer Camí del Castell, la carretera de la montaña, pero sinceramente no os lo recomiendo. El camino está muy empinado y es de tierra con baches muy grandes, así que si el coche es bajo puede sufrir un poquillo. Nosotros, por ejemplo, subimos con un Fiat 500 (alquilado) y la verdad es que fuimos un poco apurados. Para que nos vamos a engañar, estaba acojonao.
La segunda opción da más rodeos pero es más accesible y no hay problemas para llegar. Hay que coger la N-II hasta la pequeña barriada de Petit Castell y allí subir ya por Carrer Camí del Castell.
Nosotros subimos al castillo dos veces y probamos las dos formas y si fuese otra vez, elegiría la segunda opción aunque haya que dar un poco más de vuelta.
Historia del Castell de Palafolls
Antes de meternos en faena y hablaros de nuestra visita al Castillo de Palafolls, os voy a hablar un poco de su historia.
Los primeros documentos que se han encontrado que hablan de su existencia datan de 968 en la fundación del monasterio benedictino de San Pablo en Sant Pol de Mar, así que puede ser incluso anterior a ese año.
Se cree que a sus comienzos pertenecía a los vizcondes de Gerona, que dominaban la parte baja de la Tordera y la vía de acceso a la costa de Maresme y Barcelona.
Ya en el 1035, pertenecía a Humberto de Sesagudes y este se lo cede al marido de su hija Guista, Bernardo Gausfredo y a partir de aquí sus descendientes heredan el apellido de Palafolls.
Desde entonces el Castillo de Palafolls pertenece a la familia Palafolls pasando por varias manos, hasta que en el siglo XIII, se amplia el primer reciento y se construye un segundo reciento de considerables dimensiones.
Por este tiempo, aunque la familia Palafolls estuviera afianzada en el Castillo de Palafolls y tuviera la señoría, el dominio superior y pertenecía a los vizcondes de Cabrera, a los que el señor de Palafolls tenía que Render pleitesía.
Años más tarde, en torno al 1370, en época de Pedro III de Aragón, este apoyó a la pequeña nobleza sin dominios frente a la nobleza Catalana en un fuerte enfrentamiento.
Para esta batalla, los caballeros de Cataluña, como se hacían llamar, designaron cuatro conservadores para dirigir la lucha, uno de los cuales fue Guillem de Palafolls.
Esto le sirvió a Guillem de Palafolls para convertirse en consejero de armas del monarca, al que vendió en 1381 el Castillo de Palafolls, a cambio de que el rey le vendiera el castillo de Ariza (Aragón) con sus dominios por el precio de 30.000 libras barcelonesas.
De este modo, la familia de Palafolls se fueron a residir a tierras aragonesas donde, pasarían a llamarse Palafox y se convirtieron en marqueses de Ariza.
Al año siguiente, Pedro III de Aragón vendió el castillo al vizconde Bernardo IV de Cabrera por 21.000 libras barcelonesas.
Durante la guerra contra Juan II entre 1462 y 1472, los seguidores de la Diputación del General ocuparon los castillos de Montpalau y Palafolls y se lo cedieron al navarro Bertran de Armendaris, acérrimo partidario del príncipe de Viana.
Bertran de Armendaris murió en 1474, y sus herederos vendieron el Castillo de Palafolls a Anna de Cabrera.
Ya en el siglo XVI se mandaron a hacer algunas reformas para reforzar las defensas de la costa contra el peligro de los piratas, pero años más tarde cayó en desuso y durante los siglos XVII y XVIII entró en una decadencia irreversible.
Finalmente, como todas las posesiones de la familia Cabrera, en 1572 pasó a manos de los Montcada y de éstos, a los Medinacelli en 1722, momento en el que ya estaba prácticamente en ruinas.
Estos últimos tuvieron la propiedad hasta que ya en 1880 paso a ser propiedad del Estado Español.
Qué ver en el Castillo de Palafolls
Hoy día poco queda del castillo que fue y la mayor parte está en ruinas, pero por ese simple hecho merece mucho la pena visitarlo.
Siempre he soñado con poder visitar todos los rincones de un castillo (aunque esté prácticamente destruido) sin tener puertas cerradas o alguien pendiente a qué estas haciendo.
El Castillo de Palafolls está abierto a sus anchas y se puede caminar e investigar por donde te plazca. Eso sí, no pretendas encontrarte muebles, cuadros o cualquier tipo de mobiliario relacionado con las familias que allí residieron.
Los restos que quedan actualmente del Castillo de Palafolls son desde finales del siglo X hasta el siglo XIV.
El conjunto del castillo presenta una planta rectangular y en ella se pueden apreciar los distintos edificios residenciales.
Una de las zonas que más fácil es de identificar es la Torre del Homenaje en el lado más escarpado. Se puede subir hasta la parte más alta desde donde hay unas vistas a todo Palafolls preciosas.
CONSEJO:
Cuidado mientras andáis por el castillo, ya que hay zonas irregulares y con piedras. Por lo general se puede andar bien y sin problemas, pero como dice el refrán es mejor prevenir que curar.
Algunos de los restos que quedan pertenecen al gran salón del castillo (del que solo quedan los arcos), una cisterna cubierta con bóveda de cañón donde todavía se pueden apreciar las marcas del encañizado, y la capilla. Pero es verdad que hay que estar muy atento para identificar cada lugar.
Lo más fácil de apreciar es la capilla, ya que se conserva muy bien tanto el edificio como su fachada y se intuye que en su tiempo fue la capilla del castillo.
A mi hermano y a mi nos gustó tanto, que como he dicho al comiendo del post, fuimos una segunda vez y en ambas ocasiones recorrimos el castillo de punta a punta y llegamos a todos los rincones accesibles que tiene.
Os recomiendo sobre todo, subir a la parte de la muralla que hay justo por detrás de la capilla, y a la torre, a la que se accede desde una escalera vertical, pero que merece muchísimo la pena subir.
Si tenéis pensado hacer una ruta por las provincias de Barcelona y Girona, os aconsejo incluir el Castillo de Palafolls en vuestra lista de imprescindibles y dedicarle una parada.
2 comentarios en «Castillo de Palafolls, unas ruinas muy bien conservadas»
Soy Angel Burgada y mi familia antiguamente teniamos las tierras tocando el castillo hasta el llano y siempre mae ha gustado el castillo y lo he visitado muchas veces a min familai se le denominaba CAL GARÇU
Hola Ángel.
Pues es una suerte poder tener unas vistas tan bonitas desde esas tierras al castillo. La verdad es que nos gustó bastante.
Un saludo!